Mi reino por un abrazo
EL 2020 CAMBIÓ TODO. Lo que antes era simple, como saludar a alguien con un abrazo o con un beso, ahora es algo complicado, peligroso. Por eso inventaron el choque de codos. ¿Qué se supone que es eso? Dejáselo para los europeos fríos, no para nosotros. Acá el abrazo es parte de nuestra cultura, de nuestra vida. ¿Realizar mi casamiento donde mis familiares y amigos no me puedan abrazar? Suena raro, no me acostumbro y no creo que pase. Después de todo, no sería la primera vez que rompo el protocolo…
Hace exactamente un año (en realidad ya pasaron un par de
días más) vivía la última jornada de trabajo presencial. Arrancamos el homeoffice un día antes de que se
declare la cuarentena nacional. «Homeoffice», una palabra yanqui para
decir que nos teníamos que quedar laburando desde casa porque sino nos íbamos a
enfermar y/o morir todos. Aunque la empresa y los medios de comunicación
hablaban de quince días, «que podía llegar a estirarse a treinta»|, yo sabía que la cosa daba
para rato. Yo vivo en Quilmes, y con la mayoría de mis amigos en capital o zona
oeste, era un hecho que sería la última vez que los vería en un largo tiempo.
Ese día los abrazos no faltaron, el coronavirus no existía. Rompimos con todos
los protocolos, los que estaban establecidos y los que se iban a establecer.
Abrazos que, tal como lo imaginaba, fueron los últimos. Si la despedida de los
amigos del laburo fue excusa suficiente para olvidar las nuevas normas, ¿el día
más importante de mi vida acaso no es más valioso? Bueno, en realidad el
segundo día más importante de mi vida, el primero fue el nacimiento de Gabriel.
Fue un glorioso 23 de Agosto, día que pasó a la historia.
Nuestro casamiento va a ser también un día de reencuentros. Volver a ver a personas importantes, con quienes no me encuentro desde antes de la pandemia, va a ser memorable. Y también ver a amigos tan cercanos que parecen familia, esos que siempre nos alegra ver, por quienes podríamos dar todo. A esos que necesitas abrazar. El choque de codos no alcanza, se queda corto a la hora de expresar el afecto que sentimos.
Y la actualidad también fomenta, en cierto punto, que uno
busque el cariño, sin importar las restricciones vigentes. Hoy, a un año de que
comenzara todo este caos, estamos atravesando otra ola y los rumores de una
nueva cuarentena amenaza un futuro oscuro. Por eso el casamiento es tan
importante para mí, es un rayo de luz, algo tan bueno en medio de tantas cosas
malas. Con una planificación accidentada –suspensión incluida– pero con más
ganas que nunca.
El coronavirus, poco a poco, nos está sacando un montón de
cosas. Pero no va a poder con nuestra boda ni con los abrazos.

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