Obligado a cambiar
EL BAILE. Ese momento en el que todos los invitados de la fiesta salen a transpirar la pista, cubiertos de cotillón luminosos, reflejando verdes y rosas y azules y rojos por todos lados. Es el momento en que el alcohol se hace presente y la vergüenza desaparece.
Si bien nunca fui a un casamiento, sí estuve en una fiesta de 15 por ejemplo, y al momento del baile fui el amargado que se quedó en su mesa viendo cómo los demás se divertían. En mi defensa estaba con Gabriel, que apenas tenía un año y medio, y Sofi, que se quedó con nosotros en parte porque no quería dejarnos sólos, y en parte porque sé que tampoco tenía ganas de bailar esa cumbia. Aunque voy a ser sincero, si hubiese estado sólo en la fiesta tampoco habría bailado. Yo fui por la agasajada, a compartir con ella un momento especial en su vida, no a hacer un trencito humano. Además, no todos pueden ser los alegres que animan la fiesta, algunos tenemos que ser los aburridos para contrastar. Ese es mi rol.
Teniendo presente mi incapacidad para bailar y las faltas
de ganas de aprender o siquiera de participar de un baile, en nuestro
casamiento sí que iba a salir a la pista a moverme como un tronco. Sofi me iba
a mirar sin reconocerme. Mi familia se sorprendería ante mis ganas. «Ese no es Jesús», era el murmullo que recorrería el salón. Ya no me
corresponde el papel del aburrido, ese le toca a alguien más, yo ahora tengo el
papel de novio. Quizás por eso me dolió enterarme de que, si bien se están
llevando a cabo las celebraciones, no está permitido el baile por la
aglomeración de personas. Hay que mantener la distancia social en todo momento.
Cuando por fin había decidido romper mi molde y salir de mi rol de aburrido, la
vida me dio una cachetada y quiso devolver al mismo lugar, como si uno no
pudiese escapar de sus roles. Lo bueno es que no voy a hacer el ridículo con la
corbata en la cabeza y un vaso en la mano. Aunque todavía falta mucho y todo
puede pasar.
El baile no es lo único que, a día de hoy, no se puede
realizar. Lo mismo ocurre con el lanzamiento del ramo, por ejemplo, y con
algunas otras tradiciones que vamos a tener que dejar de lado. Lo bueno es que
tenemos ante nosotros un papel en blanco para hacer lo que queramos, el único
límite es nuestra propia imaginación. Los foros se convirtieron en aliados
fundamentales en la planificación, un mundo plagado de ideas que otros pensaron
para su propia boda, y que comparten con los demás en un más que agradecido
gesto de amabilidad. Hay sugerencias de todo tipo: karaoke, stand up, toro
mecánico, juegos de kermesse (tuve que googlear porque no tenía idea de qué
era), entre otras. Lo importante es divertirnos y disfrutar nuestra noche, pero
también me preocupa que los invitados no se aburran. Y después dicen que los
asperger no tenemos empatía… El toro mecánico ya lo teníamos pensado desde
antes. Me gusta mucho la idea, quizás no por el juego en sí, sino por la
cantidad de gente que se va a caer de ahí. Con sólo imaginarlo ya se me dibuja
una sonrisa.
Soy una persona que se resiste a los cambios, no me gustan
y nunca me van a gustar. Me tocó vivir una época plagada de cambios, donde
debemos adaptarnos y seguir adelante. Y justo algo tan importante como el
casamiento se encuentra afectado ante esta nueva normalidad. Pero no me quejo,
porque en el fondo hay algo que nunca va a cambiar. Ese día es nuestro, y lo
vamos a disfrutar.

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