Encerrados otra vez

DE PRONTO DIMOS VARIOS PASOS PARA ATRÁS. Cuando empezábamos a salir adelante, a estar mejor, teniendo ya un año de experiencia con este virus, volvimos a la cuarentena, esa etapa de aislamiento que conocimos y odiamos el año pasado. Es increíble que haya pasado tanto tiempo, que hayamos vivido tantas experiencias para volver a lo mismo. Y, otra vez, todo esto se da cuando estamos avanzando con el casamiento. Es tan increíble como frustrante.




Sabemos que, al hacer la boda en diciembre, falta mucho tiempo y podemos confiar en celebrarla sin ningún problema. Para entonces, ya con el calor de entre finales de primavera y principios de verano, la situación va a ser muy distinta a la que estamos atravesando ahora. Pero uno se pone mal igual, al menos yo no puedo evitarlo. Estamos reviviendo un trauma del que nunca terminamos de salir, como si fuese una pesadilla de la que no podemos despertar. O de esas en las que sí despertamos, pero a los cinco minutos nos dormimos de nuevo y seguimos soñando lo mismo. Para colmo, acaban de suspender las clases presenciales, cuando el lunes de la semana pasada el enano había arrancado el jardín por primera vez. Todo junto.

Tratando de dejar de lado lo malo, quiero contarles que estamos trabajando en la lista de invitados. Sí, teníamos una armada antes de la pandemia, pero las cosas cambiaron. Algunos, por ejemplo, demostraron no ser tan cercanos como creíamos, y la lista está sufriendo modificaciones. Es extraño ver una lista tan corta, con tan pocos nombres. Veo otros casamientos, donde hablan de fiestas con ciento cincuenta o doscientos invitados, familias numerosas y amigos por doquier. Nosotros, en cambio, con suerte llegamos a cuarenta. Con mucha suerte.

Creo que lo bueno de todo esto es saber que las personas que tenemos alrededor, aquellas en las que confiamos, son gente realmente valiosa. Amigos y familiares cercanos, que nos acompañan, apoyan y ayudan día a día. Y aunque la distancia complica todo y hace que nos veamos poco y nos extrañemos, incluso aunque no hablemos todos los días, siempre están ahí y lo van a seguir haciendo. Por eso se merecen un lugar en nuestro día especial.

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